Tu ordenador va lento: ¿limpieza, hardware o toca cambiarlo?
«Creo que tengo un virus.» Es la frase con la que empieza la mitad de las visitas que recibimos por un ordenador lento. Y en la mayoría de los casos, no hay ningún virus. Hay un disco duro mecánico de hace ocho años intentando mover un sistema operativo que ya no está pensado para él.
La buena noticia es que no hace falta ser técnico para saber por dónde van los tiros. Con observar un par de cosas se distingue bastante bien entre los tres escenarios posibles.
Escenario 1: es software, y se arregla gratis
Sospecha de esto si el ordenador:
- Va bien un rato después de arrancar y se va degradando con las horas.
- Tarda muchísimo en el arranque pero luego responde razonablemente.
- Se atasca solo cuando abres el navegador, y tienes veinte pestañas y seis extensiones.
Aquí el culpable suele ser la cantidad de programas que arrancan solos con Windows. Cada instalador que has aceptado con «siguiente, siguiente» ha dejado algo residente. Se revisa en el Administrador de tareas, pestaña Inicio, y se desactiva lo que no uses a diario. Suele ser el 80 % de la lista.
Esto no cuesta dinero. Si alguien te cobra por «limpiar el registro» con un programa milagroso, desconfía: esos programas llevan quince años prometiendo lo mismo y aportando poco.
Escenario 2: es hardware, y sale barato
Sospecha de esto si el ordenador:
- Va lento siempre, desde el primer segundo, hasta para abrir una carpeta.
- Se queda «pensando» con el disco al 100 % en el Administrador de tareas.
- Tiene más de cinco o seis años y nunca se le ha tocado nada.
- Hace ruido: un zumbido constante o un clic rítmico.
El caso más común con diferencia: disco duro mecánico en vez de SSD. Cambiarlo es la mejora más rentable que existe en informática. Un equipo que tardaba tres minutos en arrancar pasa a veinte segundos, y la sensación es de ordenador nuevo.
El segundo: memoria RAM insuficiente. Con 4 GB, Windows moderno va justo antes de abrir nada. Si el Administrador de tareas marca la memoria por encima del 85 % de forma habitual, ese es tu cuello de botella.
Y el tercero, que casi nadie mira: suciedad. Un portátil con los disipadores taponados de polvo se recalienta, y el procesador se ralentiza a propósito para no quemarse. Si los ventiladores suenan a turbina y la base quema, es eso. Una limpieza interna lo resuelve.
Escenario 3: ya no compensa
Hay un punto en el que meter dinero deja de tener sentido. Nuestra regla es sencilla: si la reparación supera un tercio de lo que cuesta un equipo equivalente nuevo, no compensa, salvo que haya un motivo concreto para conservarlo.
Señales de que estás en este escenario:
- El equipo no admite el sistema operativo actual y ya no recibe actualizaciones de seguridad.
- Necesita varias piezas a la vez: disco, memoria y batería.
- Las piezas son de un formato descatalogado y hay que buscarlas de segunda mano.
- Es un portátil con la bisagra o la carcasa partida, que es de lo más caro de reparar.
Lo que hacemos nosotros antes de tocar nada
Diagnosticar. Miramos el estado de salud real del disco (los discos avisan antes de morir, si alguien los escucha), el uso de memoria en condiciones normales de trabajo y las temperaturas bajo carga. Con esos tres datos se sabe si el problema tiene arreglo de 60 euros o si estás tirando el dinero.
Ese diagnóstico te lo damos antes de presupuestar nada, y con la recomendación honesta aunque sea «este equipo no merece la reparación».
¿Quieres que lo miremos?
Tráenoslo o llámanos y lo vemos. Si es cosa de una hora, te lo decimos; si no compensa, también.
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